En un clima de especial relevancia para la comunidad de Roldán, la parroquia San José se prepara para celebrar una fecha significativa tanto en lo religioso como en lo histórico. En el marco de la festividad de San José, patrono de la ciudad y de la Iglesia Universal, el párroco Juan José Petinari visitó la 92 destacando la importancia de esta conmemoración.
El sacerdote recordó que esta celebración honra a una figura central del cristianismo, caracterizada por su humildad, su obediencia a la voluntad divina y su rol como protector de la Sagrada Familia. Subrayó que San José es considerado modelo de hombre justo y santo, así como patrono de la buena muerte, tradición que se fundamenta en la creencia de que falleció acompañado por Jesús y la Virgen María.
La jornada adquiere además un carácter histórico para la comunidad parroquial, ya que coincide con el centenario del templo actual. Aunque la piedra fundamental fue colocada en 1909, la inauguración oficial del edificio se remonta a 1926, fecha que continúa siendo motivo de celebración. En este contexto, se llevan adelante trabajos de restauración y embellecimiento que incluyen mejoras en techos, pintura interior y reacondicionamiento de la cúpula, como forma de homenajear a las generaciones que hicieron posible la construcción del templo.
Las actividades previstas incluyen instancias de preparación espiritual, con confesiones abiertas a la comunidad, seguidas por la celebración de la misa y una procesión por las calles céntricas de la ciudad. Todo ello se desarrolla en el marco de la Cuaresma, un tiempo que el párroco describió como una etapa de reflexión, oración y preparación para la Pascua, centrada en los valores del amor, el perdón y la cercanía con Dios.
Asimismo, Petinari destacó un crecimiento progresivo en las vocaciones sacerdotales, señalando la incorporación de nuevos jóvenes al seminario, lo que representa un signo de esperanza para la Iglesia. En su mensaje final, invitó a toda la comunidad a participar activamente de las celebraciones y a fortalecer los lazos de fe y solidaridad.
La jornada culminará con una bendición dirigida a las familias, trabajadores y fieles, encomendando especialmente a quienes atraviesan dificultades, en un gesto que refleja el espíritu de unidad y acompañamiento que caracteriza a la comunidad religiosa local.
