Los históricos silos Amsler, ubicados en pleno casco urbano sobre calle Pellegrini, comenzaron a ser desmantelados luego de permanecer más de una década en desuso. La estructura, que este año cumpliría 156 años y que acompañó prácticamente desde sus inicios el crecimiento del pueblo, forma parte de la memoria productiva y social de la ciudad.
Marcelo Bengoechea, vinculado familiarmente al acopio desde hace generaciones, explicó que el origen del establecimiento se remonta a la fundación del antiguo acopio de cereales, que nació primero como una casa de ramos generales y luego incorporó el almacenamiento de granos. La elección del predio, lindero a las vías del ferrocarril, respondía a una lógica propia de la época, cuando el tren era el principal medio de transporte para llevar la producción hacia los puertos.
Durante décadas, el silo fue un punto neurálgico de la actividad agrícola regional. Bengoechea recordó que, con la llegada del transporte por camión, se formaban extensas filas de acoplados esperando descargar, en una tarea que se realizaba manualmente y demandaba un gran esfuerzo humano. Con el paso del tiempo y los cambios en la logística, la planta fue perdiendo centralidad hasta que finalmente se decidió su traslado fuera del casco urbano.
Esa relocalización se concretó durante la gestión del entonces intendente Roberto Di Santo, cuando se firmó el convenio para construir una nueva planta en el predio ubicado sobre calle Gálvez y la ruta A012, donde actualmente funciona el acopio. El silo de calle Pellegrini dejó de operar hace entre 10 y 15 años y fue utilizado únicamente como depósito hasta quedar definitivamente fuera de uso.
La decisión de avanzar ahora con el desmantelamiento responde, según explicó Bengoechea, a cuestiones de seguridad debido a la antigüedad de la estructura y al potencial riesgo que representaba. En una primera etapa se están retirando los silos y la noria, mientras que en una segunda fase se avanzará sobre oficinas y galpones. El trabajo está a cargo de una empresa de la ciudad de Rosario y no tiene costo para el acopio, ya que el material retirado queda en manos de la firma como parte del acuerdo.
Los trabajos, que implican tareas en altura y generan ruidos propios de este tipo de obras, se extenderán por al menos tres meses si las condiciones climáticas acompañan. Una vez finalizado el desmantelamiento, el predio será nivelado para evitar cualquier tipo de peligro. Sobre el futuro del terreno, Bengoechea señaló que por el momento no hay definiciones concretas respecto a posibles desarrollos, aunque destacó el valor estratégico del lugar por su ubicación y dimensiones.
Más allá del avance de la obra, el referente agropecuario también se refirió a la actualidad del campo, marcada por una prolongada sequía, altas temperaturas y una situación productiva compleja. A la espera de lluvias que permitan aliviar el estado de los cultivos, señaló que el sector continúa enfrentando una fuerte presión impositiva y la necesidad de reglas más claras para planificar a largo plazo.
El desmontaje del silo Amsler marca el cierre de una etapa emblemática para la ciudad, ligada al desarrollo agrícola y al rol central que supo tener el ferrocarril en la vida económica local.
